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¿Cómo subir nuestras defensas?

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Sistema Inmune

La vida microbiana que hay en nuestro interior es tan grande que si la pudiéramos pesar, la báscula indicaría aproximadamente 1.3 kilogramos, casi lo que pesa nuestro hígado. En realidad somos 99% microbios ya que por cada célula humana hay 10 células microbianas y más del 99% de los genes que hay en nuestro cuerpo son genes microbianos, los cuales están en todo nuestro cuerpo.

La microbiota se define como el conjunto de microorganismos que residen tanto sobre la superficie como en las diferentes cavidades del cuerpo: la piel, la boca, los oídos, la vagina o el tracto gastrointestinal, entre otras.

De todos los órganos que tenemos, el intestino es el que más cantidad de microbios tiene, a esta comunidad le llamamos microbiota intestinal. Y al igual que muchos avances científicos, la información que va a surgiendo sobre la interacción que tiene la microbiota intestinal con el resto de nuestro cuerpo es fascinante, una de las más interesantes es la relacionada con el sistema inmune.

¿Ustedes sabían que el 70% de nuestro sistema inmunológico está en nuestro intestino?

Hoy se sabe que no solo por estar expuesto a cierto microorganismo patógeno significa que nos enfermaremos, enfermarnos depende de muchos factores, entre ellos la exposición, la genética, y un factor recientemente reconocido como influyente en el desarrollo de una enfermedad: el tipo de microbiota que tenemos.

La increíble diversidad del mundo microbiano que habita en nuestro intestino resulta aún más alucinante por el hecho de que se ha reconocido como la primera línea de defensa que tenemos. El sistema inmune es como el ejército que siempre está dispuesto a dar la batalla ante la primera señal de ataque, pero no actúa solo, tiene algo así como una Secretaría de Relaciones Exteriores interna (SREi), la cual se encarga de entablar los diálogos y las negociaciones entre la microbiota y el ejército. Lo que la microbiota pide es una garantía de libre acceso y circulación en su hábitat preferido que es el intestino, además de que no se les expulse, y el ejército solo busca mantener una sana distancia entre estos microbios y las células humanas, a las que prometió y dio su palabra de guardar y defender a toda costa.

Todas las negociaciones que se llevan a cabo en la SREi están constantemente bajo tensión ya que dependen de lo que comemos diariamente, de si estos alimentos tienen o no microbios patógenos, de si nos estresamos o no, de si hacemos o no ejercicio, entre otros factores, ya que en el momento que se detecte algún microbio intruso, la microbiota manda un comunicado express a la SERi para que notifique al sistema inmune sobre la entrada de un intruso y éste active la primera línea de defensa, la cual consta de inmunocitos y otras moléculas (granulocitos, macrófagos, células NK -natural killers-, mastocitos) que empiezan a atacar hasta vencer al microbio intruso.

Cuando esta primera línea de defensa no es suficiente, el sistema inmune pide refuerzos y es cuando llega la artillería pesada (linfocitos B y T y anticuerpos), la cual declara oficialmente la guerra y es cuando empezamos a sentir malestar generalizado, fiebre y dolor de cuerpo, que dependiendo de la zona donde se esté llevando a cabo el ataque, se focalizará el dolor (pecho, garganta, estómago, cabeza, etc.)

Los linfocitos B y T, son los soldados rasos de nuestro sistema inmune y ellos son los responsables de llevar un registro detallado del ataque, toman fotos y guardan perfectamente la imagen de los microbios invasores para que si en un futuro intentan atacar de nuevo, ellos sepan muy bien cuál es la estrategia a seguir para eliminarlos.

Uno de los retos constantes y por los que el sistema inmune debe estar fuerte, siempre alerta y en comunicación con nuestra microbiota, es que los invasores usan muchos uniformes o máscaras o disfraces, llámenle como quieran, para evitar que se les reconozca cuando entran nuevamente a nuestro cuerpo. Por ejemplo, el Streptococcus Pneumoniae que causa neumonía, se le han identificado ya más de 80 uniformes. Otros en cada paso que dan lanzan sustancias que confunden a los anticuerpos para que ataquen a las sustancias y no a ellos, otros entran lanzando moléculas que frenan y entorpecen la acción de las células inmunitarias, otros se esconden y se camuflajean para no ser vistos por la artillería pesada y otros más bien eligen lugares donde las células inmunitarias no caben y por lo tanto no pueden atacarlos, como el Streptococcus Mutan que se pega a las muelas y causa la famosa caries.

Entendiendo cómo funciona nuestro sistema inmune podemos entender y dimensionar la importancia de tener una microbiota fuerte, variada y sana para que sus mensajes con la SREi sean claros y precisos, también podemos poner en perspectiva el impacto que tiene la microbiota en la homeostasis entre las células inmunitarias y los órganos de todo nuestro cuerpo.

Necesitamos muchos informantes de confianza, muchos aliados, y no solo eso, los necesitamos en constante entrenamiento, el cual se basa en la ingesta de bacterias buenas que tienen que demostrar a todo el equipo inmunológico, que son capaces de redactar mensajes claros que viajarán por todo nuestro cuerpo a través de los inmunocitos, los cuales les encanta viajar por diferentes rutas cuya salida siempre es la misma, una capa de mucosa pegajosa que tiene nuestro intestino conocida como la barrera física entre los microbios intestinales y el tejido humano.

Las bacterias buenas que habitan nuestro intestino se nutren de fibras provenientes de frutas, verduras, cereales integrales, leguminosas y grasas buenas como las que hay en nueces, linaza, chía, almendras, etc. Entre más nutridas tengamos a estas bacterias, garantizamos que no haya lugar para los intrusos y es como se mantiene la homeostasis en todo nuestro sistema inmunológico. El consumo de alimentos probióticos como el yogurt garantiza que nuestra microbiota esté sana y si además consumimos algún yogurt con cepas específicas de probióticos, lo que garantizaremos es la variedad en nuestra microbiota, característica indispensable para mantener un sistema inmune fuerte.

Disbiosis

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Bienestar desde dentro

  • Un intestino inflamado es incapaz de absorber nutrientes, ya que la inflamación modifica la estructura de nuestro intestino, es decir, cambia su forma y su habilidad para moverse y poder llevar a cabo sus funciones, desde absorción hasta excreción, por eso las personas que sufren de estreñimiento crónico es muy probable que tengan un intestino inflamado, y un intestino inflamado provoca un desequilibrio de los microorganismos que habitan ahí, promoviendo que mueran los microorganismos beneficiosos y que sobrevivan los patógenos, a este desequilibrio se le llama disbiosis.
  • Cuando una persona tiene disbiosis aumenta la permeabilidad de su intestino, y un intestino permeable permite que los desechos de los microorganismos patógenos pasen al torrente sanguíneo con mayor facilidad ya que estos patógenos secuestran los procesos de absorción de nutrimentos. La disbiosis se considera un factor de riesgo para desarrollar muchas condiciones de salud – fibromialgia, fatiga crónica, obesidad, diabetes, etc. – particularmente en condiciones inmunes.
  • La recomendación para matar a los microorganismos patógenos dañinos en nuestro intestino, reponer los probióticos, curar el daño a las paredes intestinales y calmar la inflamación, es modificando nuestra dieta, la cual debe ser rica en prebióticos y probióticos. Definitivamente “somos lo que comemos”, nuestra salud depende de lo que nos llevamos a la boca.
  • Si llevamos un dieta rica el carne, azúcares y grasas, estaremos alimentando a los bacteroides y si llevamos una dieta rica en verduras, frutas y cereales integrales, estaremos alimentando a los prevotella. Los productos de desecho de los provotella son ácidos grasos de cadena corta como el acetato, propionato y el butirato que son los responsables de acabar con la inflamación del intestino, mejorando significativamente el tránsito intestinal y la salud digestiva en general.3
  • La ingesta adecuada y constante de prébioticos garantiza el cambio saludable de nuestra microbiota, haciéndola mucho más abundante en prevotellas. Son ejemplo de prebióticos, por contener fibras no digeribles: alcachofa, lechuga achicoria, lechuga escarola, nopales, apio, ciruela, piña, plátano, leguminosas, papa, camote, ajo, cebolla, trigo, cebada, avena, espárragos, inulina, entre otros.
  • La combinación entre prebióticos y probióticos en un mismo producto, se conoce como “alimento simbiótico”. El principal beneficio de los simbióticos es que estimulan el crecimiento de los probióticos ayudándolos a propliferarse. Una vez que los probióticos se alimentan de estas sustancias en nuestro intestino y se proliferan, ayudarán a mejorar nuestra salud intestinal y nuestra salud en general.